Bicicleta y crisis económica

En América Latina es muy común escuchar acerca de crisis económicas, de riesgo país, déficit, endeudamiento estatal y fiscal y muchos términos que terminan resonando como una película de horror en los ciudadanos.

Lo que sucede en términos de movilidad cuando un país tiene un contratiempo económico es interesante también. Existe menor capacidad de endeudamiento en la población en general y por lo tanto los créditos automotrices se dificultan. Las familias optan por cuidar más sus ahorros y existe una disposición menor en obtener un vehículo ya sea por su costo de compra, por su costo de mantenimiento o por los valores que genera el utilizarlo a diario.

Es ahí cuando la bicicleta viene a jugar un roll muy especial.

El valor de venta de una bicicleta urbana promedio no supera el 3% del valor del de un automotor promedio, empezando por ahí, la bicicleta se convierte en una opción muy atractiva como reemplazo de un vehículo a motor. Y hablando de valores de mantenimiento, el escenario se vuelve aún más interesante.

El costo de mantenimiento anual de un vehículo de hasta 1500 cc de cilindraje (los más comunes en estos países) es de aproximadamente 600 dólares al año. Esto sin contar el valor semanal de carga de combustible, que al año puede llegar a los 450 dólares en trayectos no mayores a 6 km de desplazamiento en cada viaje diario durante 5 días laborables.

Para una bicicleta de uso urbano, el valor de mantenimiento y reposición de componentes rara vez supera los 100 dólares al año, sin matrículas ni renovación de licencias de conducir. Y hablando de combustible pues el de la bicicleta se compone de las 3 comidas diarias del usuario y los líquidos ingeridos, entonces estamos hablando de un valor de cero dólares en este aspecto.

La bicicleta se convierte entonces en una alternativa sumamente económica y eficiente para trayectos no mayores a 6 km por viaje, y presenta beneficios muy notables para el usuario y para el entorno en el que este la utiliza. Desde reducción del espacio utilizado en calles y avenidas, al aporte que ofrece la bici al medio ambiente ya que no produce contaminación alguna, pasando por la disminución del ruido, el descongestionamiento vehicular y los referentes a la salud pública, estado físico y disminución de enfermedades cardio-circulatorias para su usuario.

La bicicleta ofrece una serie de beneficios increíbles para la comunidad y para la economía particular y colectiva y es una gran recomendación tomarla en cuenta como medio de transporte en una ciudad acosada por los atrancones y vulnerada por la frágil economía del sector.

 

Fernando de la Torre

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